Caso Gill: El equipo Argentino de Antropología Forense reinicia la búsqueda

El Equipo Argentino de Antropología Forense volverá hoy a Nogoyá para, desde allí, partir a las 8 al campo La Candelaria, en Crucesitas Séptima, para una nueva búsqueda para dar con el paradero de la familia Gill, cuyo rastro se perdió en el verano de 2002 y de quienes desde entonces no se tienen noticias. El antropólogo Juan Nóbile, que llegó a Crucesitas por primera vez en marzo de 2019, continuará con el rastrillaje a partir del dato que aportó un vecino de la zona.

Actualidad Por: Admin 17 de octubre de 2022
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Juan Nobile, del EAAF, ya vino seis veces: se realizaron tres excavaciones; una vez se pasó geo radar, y las otras dos, para georeferenciar puntos dentro del establecimiento rural La Candelaria.

El juez de Garantías y Transición de Nogoyá, Gustavo Acosta, que desde 2015 tiene la causa por “averiguación de paradero”, tal como se caratuló la investigación en un primer momento, decidió pedir el auxilio del EAAF cuando entendió que con las herramientas corrientes se le cerraban todos los caminos para dar con los Gill. El antropólogo Nóbile estuvo aquí en marzo de 2019 luego de que la Justicia entrerriana le enviara una copia de todo el expediente de los Gill -15 cuerpos-, fotografías de La Candelaria, y datos de planimetría-.

La desaparición

En el verano de 2002, toda una familia desapareció de la faz de la tierra en Entre Ríos: desde entonces no se supo qué destino tuvieron, a qué sitio se fueron -si es que se fueron-, por qué se fueron, o, en el peor final, si están todos muertos, qué los llevó a ese desenlace: ¿los mataron? Y si los mataron, dónde están sus cuerpos. Los Gill, de ellos se trata, no dejaron ningún rastro. Hasta ahora, nada se sabe de ellos.

Rubén “Mencho” Gill, en 2002 de de 55 años; su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2, fueron vistos por última vez en el velorio de un amigo de la familia, el 13 de enero de 2002, en Viale, a treinta kilómetros de La Candelaria, el campo en el que vivían y donde el hombre trabajaba como peón.

Última pista

La última pista que sigue la Justicia la aportó un contratista rural que conoció en vida a Rubén Gill. En febrero de 2018, el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, que ahora tiene la causa, caratulada “averiguación de paradero”, encabezó un operativo en la estancia La Candelaria, en Crucesitas Séptima. Fue a partir de los datos aportados por Armando Nanni, un testigo que apareció tras la muerte del dueño del campo, Francisco Goette, en 2016, y que está convencido de que los Gill están muertos y enterados en el mismo lugar adonde vivieron, la estancia de Crucesitas Séptima.

El Equipo Argentino de Antropología Forense tiene prestigio ganado aquí y en el mundo. En 1984, con la vuelta de la democracia, iniciaron un trabajo monumental de la mano del antropólogo norteamericano Clyde Snow, que sentó las bases para que lo vendría después: la identificación de los desaparecidos a partir del estudio de los restos de huesos que hallaron bajo tierra. A Snow lo llamaban el “Sherlock Holmes” de los huesos. Había trabajado en la identificación de los restos del “Ángel de la muerte” Josef Mengele, el médico de Auschwitz hallado en Brasil 30 años después del fin del nazismo, así como en el análisis forense del cuerpo de JF Kennedy. Más tarde lo haría en las fosas comunes de kurdos en Irak, donde testificó contra Saddam Hussein en el juicio que llevó a su ahorcamiento en 2006.

Ahora, un nuevo testimonio, de otro vecino de La Candelaria, mueve a la búsqueda del probable destino fatal de los Gill. El testimonio de este nuevo testigo -que pidió que su nombre quede en reserva- apunta a que allí, en el campo, Gill realizó una excavación por orden del dueño de la estancia La Candelaria. Pero señaló un sitio distinto al que ya ha sido inspeccionado, publica Entre Ríos Ahora.

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