
Leandro Puntin es un escritor argentino de (Seguí) Entre Ríos que vive en España y trabaja en una focaccería para no gastar energía mental antes de sentarse a escribir terror. La decisión no fue impulsiva: le llevó cinco años desmantelar una carrera en diseño publicitario que terminaba cada jornada dejándolo sin capacidad de escribir media página.
Puntin empezó a escribir a los seis años pegando stickers de Sonic en hojas en blanco y construyendo historias alrededor de ellos. No leía. Creía que se podía escribir sin consumir literatura. Pero se equivocó. El primer correctivo lo dio Eresita Yugdar, la profesora del pueblo a la que su madre lo llevó una tarde: "No dejes de escribir". No lo procesó como un hito entonces. Tardó años en entender que lo había sido.






















